Carta a los "indignados"
El Ateneo de Badajoz, y en su representación, la Junta Directiva, suscribe plenamente el siguiente documento, titulado "Carta a los indignados", elaborado y enviado a diferente medios de comunicación por D. Santiago Corchete Gonzalo, actual Presidente de honor, porque «los "indignados"somos todos. O debiéramos serlo. No solo vosotros que hasta anteayer parecía que estabais dentro de la noche, adormilados, y el 15M os despertó y os ha nacido sabios. Maduramente sabios a todos los efectos, pese a vuestra elocuente juventud e inexperiencia. Quienes aquí y ahora pudieran ser considerados ?dijérase? los viejos rockeros de la contestación social, puede asegurarse que no salen de su asombro: ¿cómo ha sido posible que esta sociedad aborregada y consumista haya alumbrado el espíritu de rebeldía civil en una generación que hasta ayer era calificada de pasota e indolente, enganchada a no se cuantas trivialidades e incluso nihilista? Ojos para ver y oídos para oír, es lo que necesitamos tener bien afilados quienes contemplamos, desde las barreras de la edad o la miopía de la indiferencia, vuestra inaudita valentía de proponer al mundo entero el cambio de los cambios: el regreso de la dignidad al escenario de estos paramos desérticos, ayunos de esperanza en el horizonte temporal y vivencial de cada ser humano.
No tenemos ninguna pauta a nuestro modesto alcance que ofreceros, mucho menos algún consejo, para sugerir alguna posible ruta a seguir ante el devenir de vuestro, y también ya nuestro, movimiento. No la tenemos, mas aunque se nos ocurriera alguna, sería preferible ahorraros la penitencia de leerla o escucharla salida de nuestros torpes, desengañados y escépticos labios, victimas de acumular en su haber tantas decepciones y derrotas. Salid, eso si, a la intemperie, ya estáis acampados en ella, y alborotad con vuestra imaginación y sabia rebeldía los caminos, calles y plazas de la conciencia de los hombres y mujeres de buena voluntad. Llegad con ella hasta tocar el fondo de los últimos pliegues donde se instala la innoble y avara comodidad del dulce no hacer nada, siempre ruin y miserable, cuya cobardía agazapada seria capaz de devolver a las mismísimas cavernas de la Historia el progreso en paz, justicia y libertad tan dura y costosamente alcanzado por la especie humana.
Porque aquí han pasado demasiadas cosas sucias y vergonzosas. Desgraciadamente, todo está preparado y dispuesto para que sigan sucediendo a manos llenas, dejando siempre la limpieza, la honestidad y la transparencia para mas tarde. Siempre, siempre para mas tarde. Para nunca jamás. Por eso, en efecto, el cambio no puede demorarse. Lo reclama con urgencia vuestro incierto porvenir a corto, cortísimo plazo, y asimismo lo necesita el correcto equipamiento ético-moral de la sociedad de nuestro tiempo. Una sociedad que hoy os mira con curiosidad, a veces desconfiada y de reojo, mas también sorprendida y muchas otras veces anonadada ante el clamor y rotundidad de vuestro coraje. Pues bien, a los veteranos militantes de la tribu, que lo fueron de otras causas y en otros ámbitos socio-político-económicos, les queda ?como mínimo? la tarea de veros y escucharos con intenso respeto y, si fuera posible, con agradecida admiración. Quizás tampoco les exigirá demasiado esfuerzo físico ni mental comprenderos y secundar vuestro valioso gesto ampliando el radio de acción de vuestra nítida voz, haciéndola llegar con mesura y ponderación, como tan sabiamente hacéis vosotros, en sus círculos laborales y de amistad, vecindad y familia.
Finalmente, permitid que, con indisimulado orgullo, algunos lleguemos a sentir vuestro refulgente y palpitante latido en la espesura añosa de nuestra propia sangre, y de emocionarnos con la elaboración artesana, ferviente y diaria de vuestro tesón, voluntad y compromiso. Ojalá entre todos, cada cual en la medida de sus posibilidades de influencia, logremos mantener encendida permanentemente la mecha de la rebeldía cívica, y consigamos ver renovada aquella flor de la esperanza posible que el poeta extremeño Manuel Pacheco cultivó con amor en el jardín intemporal del siguiente verso: "todavía esta todo, todavía"».





